En “Fes! Cultura podcast”, creadores y creadores de diversas disciplinas nos explican cómo, a través de su arte, están imaginando respuestas creativas a los retos ecológicos y sociales.
En este episodio exploramos cómo el arte puede transformar mentalidades frente a la crisis ecosocial. Desde el surrealismo hasta la ciencia ficción, pasando por la danza contemporánea, descubrimos narrativas que despiertan conciencias. Estos proyectos reimaginan nuestra relación con la naturaleza, visibilizan la emergencia climática y cuestionan modelos extractivistas del futuro.
Participan: Laida Azkona, Ladislas Chachignot y Oskar Luko
Conduce: Diego Salazar
Eco-surrealismo: Ladislas crea obras e ilustraciones sobre ecología y la protección de los océanos desde una perspectiva surrealista. Su objetivo es captar la atención del espectador para invitarle a redescubrir toda la riqueza de la naturaleza.
Desērtum: Oskar cree en el arte como herramienta de impresión, conmoción y activación de la escucha. Presenta una pieza que envía un mensaje de emergencia climática desde un lenguaje no tan convencional como la videodanza.
Cuerpos celestes: AzkonaToloza presenta una obra de ciencia y ficción documental sobre las colonias del futuro y el límite de los recursos minerales. Explora el auge de la minería aeroespacial como un nuevo paradigma extractivista.
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La cultura es clave en la transformación ecosocial, porque nos permite conectar con otras personas, construir narrativas comunes, imaginar futuros alternativos en defensa de la vida y pasar a la acción. Por eso, desde Fes! Cultura hemos creado #AccióClima, un espacio de coaprendizaje intercultural en el que artistas, gestores culturales y activistas medioambientales nos reunimos para identificar retos e imaginar propuestas artísticas y creativas que hagan frente a los desafíos ecosociales. Y lo hacemos poniendo en el centro un enfoque de diversidad cultural, antirracista y decolonial.
Pero, ¿qué podemos hacer desde la cultura por la transformación ecosocial? 5 ideas:
Minimizar el impacto
Como toda actividad humana, la cultura tiene impactos medioambientales que deben ser reconocidos y minimizados. Las organizaciones culturales tenemos la responsabilidad de implementar prácticas que reduzcan nuestra huella ecológica, sirviendo como modelos para otros sectores. La reducción del consumo energético, la gestión ecológica de residuos y la promoción del transporte sostenible son ejemplos de acciones que no solo reducen el impacto directo de nuestras organizaciones, sino que también pueden sensibilizar a las personas sobre prácticas sostenibles.
Cambiar mentalidades
La cultura es un vehículo de mensajes e imaginarios capaces de transformar mentalidades y valores. A través de las expresiones artísticas y culturales, podemos transmitir información sobre la crisis ecosocial y proponer cambios en nuestro modelo de vida de una manera que resuene emocionalmente con las personas. Las narrativas culturales tienen el poder de reafirmar valores alineados con la defensa del bienestar de las personas, la diversidad y el cuidado colectivo de todas las formas de vida del planeta.
Modificar comportamientos
Como práctica viva y participativa, la cultura tiene la capacidad de modificar o inducir nuevos comportamientos. Las experiencias culturales inmersivas y participativas pueden ayudar a las personas a adoptar hábitos más sostenibles de forma práctica y vivencial. Estas experiencias permiten a las personas interiorizar valores y prácticas sostenibles a través de la acción directa y la reflexión colectiva. Además, la cultura puede difundir y adaptar saberes y tradiciones que incorporan prácticas ecológicas, facilitando su adopción a largo plazo.
Crear comunidades
La práctica cultural tiene la capacidad de reunir a las personas, generando espacios de encuentro y diálogo que propician la formación de comunidades comprometidas con la sostenibilidad. Mediante actividades culturales compartidas, podemos construir redes de apoyo y acciones colectivas que promuevan la transformación a nivel local. Además, los espacios culturales pueden funcionar como laboratorios para experimentar con prácticas sostenibles a pequeña escala, las cuales posteriormente pueden expandirse a nivel comunitario.
Denunciar estructuras
Mediante la acción cultural podemos denunciar estructuras y prácticas insostenibles. La expresión artística es una vía para señalar injusticias y problemas sistémicos de formas impactantes y memorables, desafiando el statu quo y promoviendo visiones alternativas de futuro. Estas acciones no solo visibilizan problemas, sino que también pueden inspirar y movilizar la acción. Nuestros espacios culturales son plataformas para amplificar las voces de activistas y comunidades afectadas por la crisis ecosocial.
Fes! #AccióJove es un programa de formación en gestión cultural comunitaria dirigido a estudiantes de secundaria en Barcelona. Desde 2017, desarrolla procesos de sensibilización, conocimiento y observación de la realidad que promueven la conciencia crítica sobre las causas que provocan desigualdades y conflictos en el mundo, mediante el visionado y análisis de cortodocumentales y la producción colaborativa del Fes! Film Festival -Cine y derechos humanos.
El proyecto consiste en la ideación, programación, planificación y producción de un festival de cine de derechos humanos organizado de forma colaborativa, en el que los estudiantes se plantean como público objetivo a otros jóvenes de su entorno. El programa se desarrolla dentro del itinerario curricular, como una propuesta de aprendizaje práctico en la que se desarrolla un servicio de sensibilización que aspira a que otros jóvenes puedan disfrutar de manifestaciones cinematográficas diversas que les ayuden a comprender las causas de las injusticias en el mundo y les inspiren a protagonizar iniciativas para la mejora de las condiciones de vida, la dignidad humana y la justicia global.
“El visionado y análisis de cortometrajes documentales promueve una conciencia sobre las causas que provocan desigualdades y conflictos en el mundo”.
La metodología de trabajo permite a los alumnos adquirir conocimientos y competencias básicas mediante el diseño y la implementación de un proyecto de sensibilización social que vincula la acción local con su dimensión global. Los eventos se implementan en centros culturales de proximidad con un objetivo de impacto comunitario amplio. La propuesta pretende estimular el activismo social juvenil de Barcelona en defensa de los derechos humanos y el bien común, aportando herramientas de debate y reflexión que contribuyan al cambio de actitudes y prácticas que hacen posible una juventud crítica, responsable y comprometida con la transformación social.
Cuando hablamos de sensibilización nos referimos a un proceso que permite que las personas sean conscientes de las profundas interdependencias que conectan las problemáticas locales con el entorno global. Abordar aspectos como la solidaridad, la paz, el desarrollo humano sostenible y el análisis de las desigualdades no puede hacerse sino teniendo en cuenta las relaciones causa-efecto entre los diferentes territorios.
La participación en la vida cultural es un derecho humano que no está garantizado en igualdad y, en una sociedad multicultural (como la española), es urgente garantizarlo también a la población migrante y racializada.
La cultura juega un papel clave en la transformación social por su capacidad para conectar personas; activa espacios de diálogo y encuentro, favorece la expresión de ideas e identidades diversas, promueve el desarrollo de habilidades críticas y creativas, permite crear imaginarios comunes, impulsa la autoorganización comunitaria y, en definitiva, proporciona las bases para que las personas intervengan en la esfera pública y participen activamente en los debates sociales y políticos que les afectan. Por tanto, garantizar el derecho a la participación cultural de las comunidades que habitan los márgenes no es solo una cuestión de visibilidad, que también, sino que es una vía de entrada para defender el resto de derechos. Si el 31% de las personas que vivimos en Barcelona nacimos fuera de España, tenemos derecho a preguntarnos: ¿Dónde estamos representadas en el ecosistema cultural de la ciudad? ¿Por qué no ocupamos una centralidad en los espacios de decisión de las instituciones, equipamientos y programaciones? ¿Se valoran nuestras aportaciones culturales como parte esencial de esta ciudad? ¿Es posible transformar estas dinámicas que nos relegan a un papel periférico en la cultura local?
Desde Fes! Cultura llevamos tiempo activando esta conversación entre personas migrantes y racializadas que trabajamos en cultura, para idear propuestas que ayuden a que en esta ciudad cada vez más personas, sobre todo quienes hemos venido de fuera, podamos formar parte de la comunidad cultural local. Pero no porque queramos reemplazar lo que ya existe o exijamos más de lo que tienen las personas que se identifican como locales, sino porque queremos participar en igualdad de condiciones, contribuir a los debates públicos y formar parte de los espacios de decisión. Porque vivimos aquí, porque tenemos la necesidad de crear y expresarnos, de proyectar nuestras identidades culturales, de construir espacios para vincularnos y afrontar los retos colectivos, no únicamente los nuestros, sino los de todas las personas.
Se invita a participar a las personas migrantes como aprendices de prácticas artísticas hegemónicas, sin dar acceso a los espacios de gobernanza.
Es evidente que partimos en desventaja a la hora de querer participar activamente en cultura teniendo un origen extranjero, sobre todo si venimos de países del sur global. La falta de redes, el racismo, la escasez de referentes, la lengua, las trabas de acceso a la ciudadanía, el desarraigo, la precariedad, el desconocimiento del sistema cultural y administrativo y un largo etcétera, son barreras que nos empujan hacia los márgenes de un entorno cultural que percibimos lejano, excluyente y hostil. Y aunque son incontables las personas y colectivos migrantes que poco a poco vamos abriéndonos camino en la ciudad, las relaciones con las instituciones y entidades locales no siempre son fáciles. Muchas de las iniciativas que se nos proponen corren el riesgo de caer en prácticas de tokenización, es decir, incorporan a personas migrantes y racializadas con la finalidad de cumplir cuotas inocuas que hacen ver que se tiene en cuenta la diversidad cuando en el fondo este aspecto no es central. También son comunes las metodologías asistencialistas en las que se invita a participar a las personas migrantes como aprendices de prácticas artísticas hegemónicas, sin dar acceso a los espacios de gobernanza. O dinámicas extractivistas que se apropian de los saberes y del valor de “lo diverso”, dejando fuera a las personas que contribuyen con sus conocimientos y son tratadas como meros objetos de estudio. No son pocas las instituciones que pregonan enfoques interculturales que celebran las diferencias, pero son incapaces de posicionarse en la defensa de los derechos de la población migrante o en la denuncia del colonialismo. Pero ¿qué podemos hacer para cambiar esta situación? ¿Qué propuestas concretas tenemos a nuestro alcance?
Acceso a la cultura
La mayoría de las políticas culturales se orientan a garantizar el acceso a la cultura en condiciones de igualdad. Sin embargo, esta dimensión se plantea desde una lógica de oferta cultural. Es decir, las instituciones culturales crean unas programaciones y se esfuerzan para que sean accesibles al conjunto de la población. Pero ¿quién decide estas programaciones? ¿Se tienen en cuenta los intereses y las necesidades de las poblaciones migrantes y racializadas? ¿Se incorporan referentes de estas comunidades en los equipos de programación y gestión? ¿Se hace un esfuerzo por incorporar prácticas culturales no hegemónicas? ¿Se plantean debates internos sobre eurocentrismo, homogeneización cultural y antirracismo?
¿Quién decide estas programaciones? ¿Se tienen en cuenta los intereses y las necesidades de las poblaciones migrantes y racializadas?
La diversidad cultural obliga a un cambio de enfoque en las políticas de acceso a la cultura que responda a las necesidades de una población en constante transformación. Ya no es suficiente analizar los intereses de las personas que asisten puntual o regularmente a los equipamientos, sino que hay que tratar de interactuar con las personas que no participan aun teniendo el derecho. Uno de los principales retos a los que deberían enfrentarse los equipos de programación y gestión de públicos es conseguir que las personas que utilizan sus servicios culturales se correspondan con el perfil demográfico del territorio. Porque no basta con abrir las puertas, sino que deben impulsarse estrategias dirigidas a invitar a entrar, o a que los equipamientos se extiendan hacia los lugares donde la gente hace cultura.
Participar activamente en cultura
Para que todas las personas puedan participar activamente en cultura debe protegerse el derecho a desarrollar libremente el propio talento, a través de espacios para la práctica, creación y expresión artística y cultural, así como el acceso a recursos de formación.
En Barcelona todavía hace falta garantizar el acceso de la diversidad a la formación continua en cultura y promover prácticas artísticas no hegemónicas. Es necesario ofrecer más espacios de formación, acompañamiento y promoción para que las creadoras migrantes puedan desarrollar sus proyectos artísticos y culturales e insertarlos en el sistema cultural local. Además, es necesario desarrollar programas de creación y producción que tengan en cuenta los condicionantes sociales a los que se enfrentan los colectivos. La creación de sistemas de mapeo vivo y redes de trabajo puede facilitar la conexión y el intercambio de recursos.
Al abrir espacios a productos culturales diversos, se generan beneficios sociales, se incorporan nuevos públicos y se aporta valor al sector.
A estas alturas, incorporar referentes culturales migrantes y racializados en el ámbito académico, los medios de comunicación y el circuito cultural en general debería ser una prioridad. Esto permitiría visibilizar las expresiones artísticas y culturales de la diversidad de comunidades que convivimos en la ciudad, rompiendo con los patrones hegemónicos establecidos y promoviendo el posicionamiento de nuevas tendencias. La inclusión de nuevos referentes en la escena cultural no debe considerarse un acto de caridad, sino una oportunidad para enriquecer la oferta, atraer nuevos públicos y fomentar la innovación. Al abrir espacios a productos culturales diversos, se generan beneficios sociales, se incorporan nuevos públicos y se aporta valor al sector.
Prácticas culturales comunitarias
Las prácticas culturales comunitarias son fundamentales para el desarrollo social y cultural, especialmente en sociedades diversas con sistemas culturales que tienden a la homogeneización, porque abren espacios para la participación de comunidades cuyas prácticas culturales no se ajustan al canon establecido. En general, este tipo de actividades surgen fuera del radar institucional, pero relegarlas a los márgenes significa privar a las personas de los recursos que garantizan su derecho a conformar comunidades culturales y desarrollar su potencial creativo.
Incorporar los cuidados como una cultura en sí misma, reconociendo la diversidad de saberes y sensibilidades en este ámbito.
Ya es hora de que adoptemos una visión ampliada de la cultura que abarque prácticas cotidianas como la cocina, el trabajo artesanal, la danza y la música popular, las festividades, la narración oral, las prácticas espirituales y religiosas, los juegos y deportes tradicionales, los círculos de palabra, la medicina ancestral, entre muchas otras. Además, debemos incorporar los cuidados como una cultura en sí misma, reconociendo la diversidad de saberes y sensibilidades en este ámbito. Por ello es fundamental revisar y ampliar la categoría de “cultura popular local” para reflejar la diversidad de las diferentes expresiones culturales presentes en la ciudad.
También es necesario implementar acciones de memoria para reconocer referentes culturales valorados por las comunidades migrantes, honrando sus contribuciones y construyendo una identidad cultural que reconozca otras experiencias y aportaciones sociales. Esto incluye la conexión y colaboración entre comunidades migrantes a nivel local, nacional y europeo, reconociendo que los desafíos y problemas que enfrentamos son compartidos y que el trabajo conjunto es fundamental para encontrar soluciones efectivas.
Governanza
La gobernanza en cultura implica garantizar que todas las personas tengan la oportunidad de participar activamente en la toma de decisiones y en la gestión de los recursos que afectan a la actividad cultural de su comunidad. Tenemos derecho a participar en los procesos de elaboración, implementación y evaluación de las políticas culturales, tanto las que desarrollan las instituciones públicas como las propias comunidades. Porque todas las personas, en mayor o menor medida, somos creadoras activas de políticas culturales.
Tenemos una fortaleza imbatible que es la riqueza de nuestras culturas, la fuerza de nuestra diversidad.
En Barcelona, es fundamental crear espacios y mecanismos que permitan a las comunidades migrantes tener voz y voto en las decisiones del ámbito cultural. Quizás sea necesario implementar políticas de cuotas que garanticen la participación efectiva y la representatividad. Esto evitaría que la participación sea meramente simbólica y promovería la inclusión efectiva de la diversidad en la toma de decisiones culturales. Creemos que es necesario facilitar recursos sostenidos en el tiempo a las entidades culturales migrantes para que puedan desarrollar actividades de forma autónoma. Una buena política cultural institucional debe abrir el juego, promover que sea también la propia gente organizada fuera de las instituciones la que impulse las propuestas que considere necesarias para su comunidad.
Como decíamos al inicio, es evidente que partimos en desventaja a la hora de participar activamente en cultura teniendo un origen extranjero, sobre todo si venimos de países del sur global. Pero tenemos una fortaleza imbatible que es la riqueza de nuestras culturas, la fuerza de nuestra diversidad. Una potencia cultural que es imparable, pero sobre todo que está aquí, viva, activa y con ganas de crecer y dejarse ver.
Intraducibles: relatos de barcelonin_s que nacieron fuera de España reúne dieciséis relatos escritos por personas migrantes que han adoptado Barcelona como su hogar. Estas personas, originarias de distintos países de América Latina, han utilizado la palabra como un medio para plasmar la ciudad en la que residen. Son textos vivos que reflejan la fluidez de sus identidades migrantes, sus historias de vida y resistencia.
El conjunto de relatos revela una capa de la ciudad que puede pasar desapercibida para las personas que han nacido en Barcelona y para los turistas desprevenidos. Presenta un territorio híbrido, donde la cuestión de la lengua también juega un papel crucial. En la ciudad existen variedades de español en constante evolución, que adoptan y adaptan palabras y expresiones del catalán, del castellano de España y de otros castellanos. Lenguas que escapan a la homogeneidad y que desde allí se reinventan.
La idea es ponerlas a dialogar con el catalán, una lengua que ha resistido la violencia estatal y que hoy forma parte ineludible de las vidas de las barcelonesas y barceloneses que no nacimos en Barcelona. Páginas bilingües que buscan ser un espacio de encuentro, donde se demuestre que la defensa de la diversidad lingüística y cultural también es un territorio compartido, e inspirar a sus lectoras y lectores a habitar estas otras cartografías, a superar barreras físicas y mentales, y a abrazar la incertidumbre de lo intraducible.
Sobre los autores y las autoras
Son trece autores y autoras del colectivo de escritura creativa En Palabras, provenientes de distintos países de América Latina: El Salvador, México, Colombia, Perú, Venezuela, Ecuador y Argentina. El grupo está compuesto por cinco hombres y ocho mujeres, de entre 20 y 70 años. Viven en Barcelona por distintos motivos: han venido a estudiar, trabajar, siguiendo a sus familias y, en algunos casos, huyendo de las situaciones políticas, económicas y de seguridad de sus países de origen.
La forma
La forma del libro juega un papel crucial: dividir las páginas en dos cuadrantes —superior e inferior— hace referencia a un arriba y un abajo, un Norte y un Sur indefinidos, que tejen y fusionan lenguas e historias de vida, componiendo una narrativa de la ciudad que surge desde los márgenes. El libro cuenta con una guía de actividades para fomentar el diálogo sobre temas como la lengua, los estereotipos, la inclusión y la diversidad.
Denisse Duncan, dramaturga y directora de teatro barcelonesa nacida en Costa Rica, es una de las voces más activas en la lucha antirracista y el feminismo afro en España. Utiliza su trabajo como medio para crear diálogos sociales centrados en la diversidad desde una perspectiva afrofeminista. Busca crear un panorama teatral y artístico que refleje la diversidad en Cataluña. Desde esta mirada, cofundó el colectivo Tinta Negra, un espacio de creación afrodescendiente que no solo promueve el activismo, sino también la fortaleza del trabajo cultural en comunidad. En esta entrevista, Denisse hace un recorrido por su trayectoria y por las barreras que ha tenido que superar por ser mujer, negra y migrante en un circuito cultural al que todavía le cuesta imaginarse diverso.
Denisse Duncan
En el marco del Programa Fes! Cultura con la colaboración de Espai Avinyó, Programa Cultura Viva y Fabra i Coats: Fàbrica de Creació.
Entrevista: Diego Salazar y David Yubraham Sánchez. Cámaras y montaje: Luna Andrade y Paulina Quiroz.
Porque creemos en el poder transformador del arte y la cultura, desde Connectats Cooperativa impulsamos Fes! Cultura.
Fes! Cultura es una incubadora de proyectos culturales de impacto social que promueve la participación de personas y colectivos para transformar la sociedad desde la cultura. Es un espacio de encuentro en Barcelona, abierto a gestoras culturales, estudiantes, activistas sociales y todas aquellas personas o entidades que, mediante la exploración de formas de aprendizaje y producción colaborativas, estén interesadas en desarrollar propuestas culturales comunitarias.
En 2017 creamos Fes! Film Festival, la #AcciónJoven de Fes! Cultura, un programa de formación en gestión cultural comunitaria dirigido a jóvenes de secundaria. Cada año implementamos un itinerario formativo en horario escolar, en el que desarrollamos colectivamente una muestra de cine documental sobre derechos humanos. Alrededor de 50 jóvenes participan en la creación de la programación, la producción y la comunicación de una serie de eventos que se llevan a cabo en centros culturales de la ciudad. Con esta acción buscamos contribuir a formar una nueva generación de activistas culturales.
Este año lanzamos Fes! Cultura, #AcciónMigrante. Se trata de un espacio colectivo en el que, durante 14 semanas, implementamos un itinerario formativo en diseño de proyectos culturales de impacto social, dirigido a artistas y creadoras de diversos orígenes en Barcelona. Incluye talleres, tutorías personalizadas, un aula virtual, jornadas de networking y eventos comunitarios. El objetivo es la creación de proyectos culturales movilizadores en defensa del derecho a migrar.
Con esta nueva acción queremos contribuir a la construcción de un relato humano y antirracista sobre las migraciones, que ayude a cambiar percepciones y actitudes, poniendo en el centro a las personas que han vivido la experiencia de migrar.
Fes! Cultura es mucho más que un espacio de formación. Fes! Cultura es creatividad, es red, es comunidad. Una experiencia de cocreación, coproducción y difusión de nuevos proyectos culturales de impacto social en Barcelona.
Artistas de diversos orígenes se unen para diseñar proyectos culturales en defensa del derecho a migrar.
Esto es Fes! Cultura #AcciónMigrante.
Porque amamos las nuevas propuestas culturales. Porque defendemos los derechos humanos. Porque creemos en el poder de la cultura, en la fuerza de lo colectivo, en el alcance de la creatividad y en la riqueza de la diversidad cultural para combatir prejuicios, transformar mentalidades y realidades. Porque sabemos que hay mucho talento. Y porque sabemos que muchas ideas transformadoras se quedan en el camino.
Por eso, el equipo creativo de la Cooperativa Connectats, en colaboración con estudiantes del máster en Gestión Cultural de la Universitat de Barcelona y profesionales invitadas, nos hemos reunido durante seis meses para imaginar y construir un espacio colaborativo con enfoque decolonial y antirracista. Una propuesta abierta a personas creativas de diversos orígenes para encontrarnos y experimentar desde nuestros diferentes oficios y disciplinas; aprender y compartir saberes; crear red, pensar y diseñar proyectos culturales innovadores y sostenibles que contribuyan a la transformación social y cultural de Barcelona. Una incubadora de iniciativas movilizadoras que ayuden a escribir otras historias sobre las migraciones en esta ciudad. Historias más humanas, comunitarias, originales y reales, que nos permitan vivir juntas y mejor.
Somos formación. Somos diversidad. Somos comunidad. Somos activismo. Somos creatividad. Somos libertad. Somos Fes! Cultura que transforma, #AcciónMigrante.